lunes, 14 de julio de 2008

El Judas de Perutz





Los libros que nos recomiendan los autores canónicos son, por definición, excelentes. O no. Algunas recomendaciones son más difíciles de seguir que otras; en el caso de Borges (como bien dice Monterroso) lo primero que debemos averiguar es si el autor y el libro son reales o ficticios. Mis amigos y yo sacamos de él a un novelista, por entonces misterioso para nosotros: Leo Perutz.
Quizás lo que más llama la atención en sus novelas es la profunda inteligencia, verosimilitud y humor con que maneja el elemento fantástico, siempre sutil, siempre presente. Los acontecimientos más descabellados pueden explicarse, con algo de sentido común y fe en el caos, como una serie de conicidencias e infortunios. Con algo de paranoia, sí parece haber un destino, o un Dios como el del antiguo testamento, aunque con un sentido del humor torcido como diablo de pastorela. La tensión entre el realismo y la fantasía es permanente, nunca se resuelve del todo (por eso sus novelas no son como los cuentos del padre Brown, ni como las celebradas ñoñerías de García Márquez) y siempre queda un sabor a ironía grasienta, a que el mundo sigue girando indiferente a las tragedias de los personajes principales, secundarios y terciarios; "shit happens" es lo que parece decirnos esa armonía siniestra con la que todas las piezas del rompecabezas se acaban uniendo en sus argumentos. Todos estos atributos los podemos encontrar, de sobra, en "El maestro del juicio final", "El marqués de Bolibar" y "El caballero sueco". La última novela que leí de él, sin embargo, no me dejó tan satisfecho. Me refiero a "El judas de Leonardo" que también fue la última obra que publicó antes de morir. Contar el argumento equivale a sabotear una peícula afuera del cine (imagínense). Sólo les aconsejo: léanla, pero en cuarto o quinto lugar, cuando quieran leer a Perutz y ya hayan agotado lo demás y sólo les falte "¿A dónde vas, manzanita? y "De noche, bajo el puente de piedra".

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